Para descubrir el legendario país de El Dorado, afanosamente buscado por los conquistadores del Nuevo Mundo, hay que cambiar la ambición del oro por el deseo de descubrir la belleza de las junglas, la riqueza de los ríos, la grandeza de las cordilleras, la majestuosidad de los valles, el silencio de las altas montañas y la exquisitez de sus selvas y costas que constituyen un verdadero tesoro.

Quien hace un viaje a Colombia hace un viaje a muchos países. En un reducido territorio, se podrán encontrar todas las geografías imaginables. Se encontrará con la fiesta en las rumbas permanentes y hallará las contradicciones maquiavélicas más sorprendentes en tan magnífico edén. Sin duda, aquellos primeros conquistadores no fueron capaces de ver con nuevos ojos dónde se encontraba el verdadero tesoro de Colombia. El Dorado no era oro y esmeraldas sino cultura, tradición, tierra, montaña, gente, dioses, chicha y costumbres.